Clasificación: Documentado
Centralia: la ciudad dividida por el fuego bajo tierra
Un incendio notificado en 1962 se propagó por vetas de carbón y antiguas galerías bajo Centralia, Pensilvania. Antes de convertirse en «ciudad fantasma», hubo intentos de control, mediciones de gases, disputas sobre el riesgo y el doloroso traslado de familias. Este dosier sigue los documentos, las voces vecinales y el fuego persistente.
Centralia, Pensilvânia, Estados Unidos · Ver historias de este lugar y alrededores
Una calle que parecía normal
En 1981, quien llegaba a Centralia por la Route 61 aún encontraba iglesias, hileras de casas y comercios. Un reportaje de TIME publicado aquel año describió también vapor que salía del suelo y tubos instalados en las calles. El contraste es la clave: durante mucho tiempo el peligro no parecía un incendio visible. Estaba en vetas de antracita y galerías mineras abandonadas bajo el municipio, en el condado de Columbia, Pensilvania.
Hoy las imágenes de calles vacías atraen visitantes, pero muestran el desenlace de décadas de decisiones. Hacia 1962 vivían allí unas 1.100 a 1.200 personas, según el Departamento de Protección Ambiental de Pensilvania (DEP). El punto del atlas marca aproximadamente el centro urbano, no una grieta que visitar. Para entender por qué desaparecieron las casas hay que empezar antes del fuego.
Una ciudad excavada durante generaciones
La extracción de carbón en la zona empezó en 1842 y la mina Centralia abrió en 1862, según el DEP. La ciudad creció sobre una geología trabajada por pozos, galerías y vetas de antracita. Incluso después de terminar la mayor parte de la minería a gran escala quedaron carbón, espacios excavados y planos de un subsuelo complejo. En 2021, la agencia federal de recuperación minera presentó un modelo tridimensional de esas galerías y capas para comprender las rutas posibles del fuego.
Esta historia material importa más que la expresión «un agujero en llamas». El carbón aporta combustible; las fisuras y los pasajes pueden dejar entrar aire; la circulación subterránea dificulta localizar un solo frente. Si arden los pilares de carbón que sostenían los techos de las minas, el terreno puede hundirse. Centralia ya conocía hundimientos antes de 1962; el incendio añadió calor y gases a un suelo transformado durante décadas.
Qué ocurrió en mayo de 1962
El DEP registra que el incendio fue notificado el 27 de mayo de 1962 en una excavación superficial próxima al cementerio Odd Fellows, al sureste del límite municipal. La hipótesis de ignición más aceptada es que trabajadores de la ciudad quemaron basura allí antes del festivo de Memorial Day; el fuego alcanzó material carbonoso y luego las galerías. El USGS presentó esta explicación como la más acorde con las pruebas examinadas, pero el propio DEP enumera alternativas, entre ellas combustión espontánea, vandalismo y un incendio minero anterior.
Por tanto, el incendio y la fecha de su notificación están documentados; el acto exacto que lo inició es menos seguro. La cercanía del cementerio ayudó a fijar el relato popular, pero las preguntas oficiales señalan un detalle poco repetido: la mayor parte del terreno bajo los cementerios carece de carbón o fue aislada físicamente. Estar cerca del origen notificado no significa que las tumbas estén ardiendo.
Por qué apagarlo dejó de ser sencillo
Al principio se intentó usar agua y cubrir el foco con arcilla. Después llegaron excavaciones, zanjas de aislamiento, relleno de galerías con materiales incombustibles y sellado de la superficie. El DEP reúne estas actuaciones y sus resultados limitados. Si una barrera deja pasos abiertos o el fuego encuentra otra vía, puede seguir fuera de la zona tratada. El problema se mueve por una red que no se ve completa desde arriba.
Los costes crecieron con la incertidumbre. Según la cronología estatal, un estudio federal de 1983 estimó 663 millones de dólares para extinguirlo; era una proyección de entonces, no un presupuesto actual. El DEP señala que una excavación extensa podría, en principio, apagarlo, pero excedía la capacidad del programa estatal. Inundar todas las galerías tampoco era una respuesta simple: el agua no alcanzaría toda la zona ardiente y elevar su nivel podría desestabilizar estructuras antiguas. Llamarlo «imposible de apagar» oculta estas opciones técnicas y económicas.
Gases antes que fotografías espectaculares
El riesgo no dependía de ver llamas. El DEP identifica gases de combustión capaces de migrar por fracturas hasta sótanos y la pérdida de sostén del suelo como motivos centrales del traslado. En un reportaje de la época, TIME registró temperaturas muy elevadas en tanques subterráneos de una gasolinera en 1979 y problemas por monóxido de carbono en viviendas. Un testimonio periodístico no mide todas las calles ni todas las casas; muestra que ya se detectaban riesgos concretos antes de que la ciudad fuera un símbolo nacional.
Por eso se abrieron sondeos y puntos de vigilancia. El DEP habla de más de 2.000 perforaciones desde 1966 para localizar, observar e intentar controlar el incendio. Una lectura caliente no significa que todo el municipio esté a esa temperatura. La agencia distingue la superficie afectada de la que arde en un momento dado: para 2012 calculaba unos 400 acres afectados, pero advertía que no ardían todos a la vez. Cada medición tiene lugar, fecha y alcance.
El día en que se abrió la tierra
El 14 de febrero de 1981, Todd Domboski, de doce años, cayó en un agujero que se abrió en el jardín de su abuela y fue sacado con ayuda de un familiar. El reportaje de TIME apareció meses después; el fotodocumental Slow Burn y las entrevistas posteriores muestran por qué el episodio cambió la percepción pública. Sobrevivió. El incidente no demuestra que todos los patios pudieran hundirse igual, pero hizo imposible tratar el riesgo como una abstracción lejana.
La transformación social ya había empezado. Unos vecinos exigían al gobierno apagar o aislar el fuego para salvar la ciudad; otras familias querían marcharse. En This American Life, antiguos habitantes y responsables del traslado recordaron posiciones enfrentadas, miedos diferentes y el peso económico de las casas. Escuchar esas voces revela más que repetir que «todos huyeron»: las personas tomaron decisiones difíciles en momentos distintos y percibieron la amenaza de modo desigual.
Comprar viviendas o salvar la ciudad
En 1984, el Congreso estadounidense destinó 42 millones de dólares a la compra voluntaria y el traslado de hogares y negocios afectados. La cronología del DEP registra 545 viviendas y establecimientos adquiridos entre 1985 y 1991. En 1992 comenzó la expropiación de propiedades restantes, impugnada ante los tribunales. Los edificios comprados fueron demolidos. Persistió la cuadrícula de calles mientras desaparecían casas, tiendas y vecinos: la «ciudad fantasma» resultó de un proceso humano y administrativo, no de una desaparición repentina.
La decisión dividió familias y vecindarios. Algunos consideraban necesario marcharse ante rutas imprevisibles de gas; otros discutían el alcance del peligro y sospechaban un interés por el carbón restante. El DEP dice que en la operación no se compraron los derechos minerales y que no se determinó de modo fiable el valor neto del carbón. Eso no borra la desconfianza vivida por los vecinos, pero impide convertir una acusación de conspiración en conclusión probada.
La ciudad no desapareció por completo
La Route 61 sufrió daños por hundimiento y un tramo de aproximadamente 1,2 kilómetros cerró en 1993, según el DEP. El pavimento abandonado pasó a llamarse «Graffiti Highway»; el propietario del terreno lo cubrió con tierra en 2020. Las viejas fotografías de la carretera pintada son documentos fechados, no una invitación a entrar en suelo privado o inestable. Tampoco resumen la experiencia de quienes perdieron sus hogares antes de que la carretera se hiciera famosa.
Un reportaje de Associated Press de 2013 describe un acuerdo judicial que permitió a los ocho vecinos involucrados en el litigio permanecer en sus casas de por vida. Esa cifra corresponde al acuerdo de aquel año, no a la población actual. Decir que Centralia quedó totalmente vacía borra a quienes permanecieron; dar una cifra exacta de habitantes actuales sin un recuento reciente repetiría un número envejecido. Su código postal dejó de funcionar en 2003, según el DEP, pero el nombre municipal y la memoria de la comunidad no terminaron con él.
Un fuego estudiado, no una leyenda inmóvil
El DEP mantiene una cronología, mapas del incendio, lugares de vigilancia y lecturas de temperatura y gas. En 2021, la agencia federal de minería mostró cómo digitalizar planos antiguos reveló relaciones entre vetas, galerías y trayectorias posibles de combustión. El modelo no fotografía cada brasa en tiempo real; organiza indicios mineros y datos de seguimiento. Las preguntas del DEP dicen que el fuego podría durar más de un siglo sin control. Es una estimación condicionada, no un reloj que fija su fecha final.
También deben leerse bien las cifras virales: los 3.700 acres repetidos en muchas versiones eran una zona potencial de expansión estimada anteriormente, no una superficie ardiendo simultáneamente. El DEP calculó unos 400 acres afectados en 2012 y describió un patrón irregular. Al abrir los mapas hay que mirar fecha y leyenda antes de transformar una proyección en una medición actual. Una foto de vapor también registra un punto y un instante, no todo el recorrido subterráneo.
Lo que Centralia sigue preguntando
Documentado: el fuego fue notificado en mayo de 1962 y persiste bajo la zona; gases y hundimientos motivaron intervenciones, compras de inmuebles y desplazamientos; el proceso dejó huellas medibles en el suelo y la comunidad. Más probable, no demostrado en todos sus detalles: la ignición al quemar basura en la excavación. Discutido: si las políticas fueron suficientes o justas, el riesgo para cada vivienda y las acusaciones sobre intereses mineros. Abierto: la trayectoria futura exacta y la fecha de extinción.
Centralia importa porque su desastre no fue una sola explosión. Pasaron años entre el primer humo, las mediciones, la caída de Todd, los fondos para traslado y la demolición. Para seguir esa huella, compara las preguntas y los mapas del DEP con un reportaje de 1981 y las voces grabadas de los vecinos. Queda por pensar qué puede hacer una comunidad cuando el suelo permanece, pero ya no inspira la misma confianza.
Fuentes
- Pennsylvania Department of Environmental Protection, Centralia Mine Fire: Frequently Asked Questions
- Pennsylvania Department of Environmental Protection, Centralia Mine Fire Chronology
- Pennsylvania Department of Environmental Protection, Maps and Graphics
- U.S. Geological Survey, The Centralia Mine Fire, 1992
- U.S. Office of Surface Mining Reclamation and Enforcement, Centralia Project, 2021
- TIME, The Hottest Town in America, reportagem de 1981
- Associated Press, acordo com moradores remanescentes, 2013
- This American Life, Fire: entrevistas com moradores e transcrição, 1997
- Wikimedia Commons, fotografia de fumaça no solo de Centralia, Jrmski, publicada em 2006
- WGAL, vídeo de reportagem de 1981 republicado em 2025
Explora más
Estos enlaces ayudan a investigar el contexto; por sí solos no confirman las afirmaciones de la historia.
- DocumentoLee las preguntas oficiales sobre ignición incierta, control, gases, hundimientos y estimaciones
- DocumentoExplora mapas de Pensilvania del fuego, las galerías y los puntos de monitoreo
- ImagenMira la foto de Jrmski, publicada en 2006; consulta fecha y licencia en la página
- VídeoMira el reportaje local de WGAL de 1981, republicado en 2025, sobre las decisiones de los vecinos (en inglés)
- AudioEscucha «Fire», de This American Life: vecinos y funcionarios recuerdan una ciudad dividida (en inglés)
- LecturaLee el reportaje de 1981, cuando Centralia aún tenía casas y comercios
- LecturaComprende el acuerdo de 2013 que permitió quedarse a los vecinos restantes
- DocumentoExamina el modelo federal 3D de las vetas y galerías de la zona