Clasificación: Documentado
Cráter de Darvaza: la puerta en llamas y la historia que reescribieron los satélites
En el desierto de Karakum, un cráter alimentado por gas se convirtió en la «Puerta del Infierno». Las imágenes satelitales muestran que existía en 1972, pero el fuego persistente probablemente comenzó en 1987-1988. Este dosier examina su origen incierto, el descenso científico de 2013 y el metano que aún escapa cuando menguan las llamas.
Darvaza, Deserto de Karakum, Turcomenistão · Ver historias de este lugar y alrededores
Una luz en el desierto
De noche, en el llano desierto de Karakum, en Turkmenistán, aparece un resplandor que parece subir desde debajo de la arena. De cerca, es una depresión de unos 60 a 70 metros de diámetro y aproximadamente 30 metros de profundidad. El gas natural alimenta llamas que salen de numerosas grietas del fondo. El nombre turístico «Puerta del Infierno» describe su aspecto, no una causa sobrenatural. Tampoco es un volcán ni un cráter de meteorito.
El punto del mapa indica el lugar públicamente conocido cerca de Darvaza/Derweze. El espectáculo suele ocultar dos preguntas más reveladoras: ¿cuándo cedió el terreno y desde cuándo arde? Durante décadas se repitieron respuestas precisas sin documentos contemporáneos que las sostuvieran. Los archivos satelitales permiten ahora fechar mejor parte de esa historia.
Los huecos del relato de 1971
La versión más difundida sitúa una perforación soviética en 1971: se habría alcanzado una cavidad con gas, cedieron la torre y el terreno, y los trabajadores prendieron fuego al gas para eliminar el peligro, esperando que durara pocos días. Un texto de NASA de 2011 muestra cuánto circulaba esta historia; es prueba de su difusión, no un informe del accidente. Otras fuentes sitúan el hundimiento en 1963. Las fuentes examinadas no incluyen un registro técnico de la época que resuelva la discrepancia.
En una entrevista de 2014 con National Geographic, el explorador George Kourounis dijo que geólogos locales le habían hablado de un posible colapso en los años sesenta y de una ignición solo en los ochenta. Aclaró que no había encontrado viejos informes del incidente. Su testimonio, por sí solo, no prueba qué perforación creó el cráter; demuestra que el relato de un único día de 1971 ya era cuestionado antes del estudio satelital.
Qué demuestra la imagen de 1972
Un estudio de Adriana Valverde y colaboradores, publicado en Geophysical Research Letters en 2026, revisó el archivo Landsat. El cráter ya aparece en una imagen del 25 de octubre de 1972. Esa es una fecha límite documental: la cavidad existía para entonces. La imagen no permite decidir si se formó en 1963, 1971 u otro año anterior. La fecha de una fotografía no equivale necesariamente a la del acontecimiento fotografiado.
Landsat 1 carecía de las bandas térmicas necesarias para determinar, a partir de esa escena, cuándo empezó la combustión. Ver el hueco en 1972 no significa verlo encendido. El estudio tampoco recuperó una bitácora de perforación ni identificó a quien inició el fuego. La historia es más precisa porque deja a la vista esas lagunas.
Cuando apareció el fuego en el archivo
Para fechar el incendio, el equipo comparó imágenes Landsat 4 y 5 de 1984 a 1988 en bandas infrarrojas y térmicas. La última imagen sin señales de combustión sostenida data del 20 de septiembre de 1987; la primera con anomalía térmica, del 27 de febrero de 1988. La ignición persistente cabe, por tanto, entre ambas observaciones. Se desconocen la noche exacta, el responsable y posibles intentos breves previos no captados por el archivo.
Esta ventana cambia la leyenda: el hueco pudo estar abierto años o décadas antes de arder. El periodo anterior importa para el clima porque el gas que escapaba sin llama llegaba directamente a la atmósfera. El fuego no «creó» el metano; modificó el destino de una parte. La figura 2 del artículo de 2026, enlazada en Explorar, permite comparar las dos escenas.
El mecanismo bajo el borde
Darvaza es una estructura de colapso vinculada a un campo de gas. El estudio describe capas sedimentarias, acuíferos y vías por las que puede ascender el gas; el flujo no tiene por qué llegar desde un solo conducto visible. En lugar de una hoguera uniforme, numerosas llamas pequeñas se desplazan entre las aberturas del suelo. La posición del pozo original y la secuencia mecánica precisa del derrumbe siguen siendo inciertas.
Cuando el metano reacciona por completo con oxígeno produce principalmente dióxido de carbono y agua. En la práctica, la combustión puede ser incompleta y una parte del gas puede sortear la zona en llamas por otras fracturas. Por eso, menos luz no significa automáticamente menos metano. Esa diferencia entre calor observado y gas sin quemar es esencial para entender las mediciones recientes.
Diecisiete minutos en el fondo
En noviembre de 2013, George Kourounis descendió con cuerdas, traje reflectante del calor, protección respiratoria e instrumentos. Describió a National Geographic un ruido parecido al de un motor a reacción y muchas llamas separadas. Sus palabras son testimonio de la visita, no documentación del accidente soviético. La operación requirió permisos y un equipo de apoyo; la imagen del aventurero solitario oculta ese trabajo.
Filmar no era el único objetivo. Recogió muestras de suelo para buscar microorganismos adaptados al calor y a la escasez de nutrientes. El equipo informó de unos pocos tipos de bacterias en muestras del cráter, ausentes en muestras de comparación del entorno. Es un resultado local comunicado por los participantes; no demuestra vida extraterrestre ni que todo el interior sea habitable. La expedición convirtió Darvaza en una pregunta biológica además de geológica.
El metano que no se ve
El artículo de 2026 empleó sensores hiperespectrales capaces de detectar la firma del metano en la luz reflejada. Entre abril de 2020 y mayo de 2025 identificó 44 plumas sobre la zona del cráter; en las detecciones, las tasas estimadas se situaron aproximadamente entre 0,6 y 3 toneladas por hora. El equipo calculó 71 ± 21 mil toneladas de metano emitidas durante esos cinco años. Son estimaciones basadas en observaciones espaciales, no mediciones continuas minuto a minuto.
El viento, el polvo, la superficie y la hora de paso alteran lo que cada sensor capta. Una imagen sin pluma no prueba ausencia de emisiones. Para toda la vida del cráter, los autores extrapolan unos 800 ± 250 mil toneladas si se formó en 1971, o 900 ± 300 mil si lo hizo en 1963. Ambos totales dependen de una fecha inicial incierta y de supuestos sobre el flujo pasado; no son seis décadas de medición directa. Tampoco incluyen el metano que ardió.
El intento de atenuar las llamas
El gobierno turcomano afirma haber reabierto y perforado pozos cercanos para captar gas antes de que alcance el cráter. En 2025, su agencia petrolera sostuvo que el brillo ya solo se veía de cerca y que la intensidad de combustión había caído más de tres veces. El análisis satelital de Capterio, publicado en 2024, también observó una fuerte disminución de la quema desde 2023. Ambos registros informan sobre llama y calor; la afirmación oficial de menos metano debe contrastarse con mediciones de ese gas.
El grupo de Valverde detectó una disminución de las llamas, especialmente después del verano de 2023, pero no encontró una correlación clara entre esa reducción y la intensidad de las plumas de metano medidas. Una hipótesis es que parte del gas evita la combustión por grietas. Atenuar el espectáculo sin controlar el flujo subterráneo podría dejar una fuente invisible. El fuego no había desaparecido por completo en las observaciones publicadas en 2026; su evolución requiere seguimiento.
Lo que cada imagen deja fuera
La panorámica de Tormod Sandtorv tomada en 2011 documenta el aspecto del lugar entonces. Una vista orbital difundida por NASA muestra que la estructura y su calor podían observarse desde arriba, aunque su texto de 2011 repite una cronología anterior a la investigación de 2026. Una entrevista en vídeo de ERT de 2022 conserva el relato de Kourounis sobre la misión de 2013; no es una filmación de la formación del cráter. Cada pieza tiene fecha y alcance propios.
El estudio científico combina un largo archivo multiespectral para reconstruir el inicio del fuego, sensores hiperespectrales recientes para buscar metano y datos de potencia radiativa para seguir la intensidad de la combustión. Ninguna técnica sustituye automáticamente a las otras. Conviene abrir la figura 2 y comparar 1987 y 1988, después la figura 3 con las plumas posteriores y, finalmente, la fotografía de 2011. El misterio cambia cuando las pruebas se leen en orden.
La frontera de lo sabido
Confirmado por el análisis publicado: el cráter era visible el 25 de octubre de 1972; la quema sostenida comenzó a ser detectable entre septiembre de 1987 y febrero de 1988; se midieron plumas de metano entre 2020 y 2025. Bien documentado por testimonios e imágenes: el descenso de 2013 y la reducción visual del fuego después de 2023. Abierto todavía: la fecha exacta y los detalles del colapso, quién inició la combustión, el flujo total de cada década pasada y la eficacia definitiva de los pozos cercanos.
Darvaza muestra cómo un icono turístico puede esconder un archivo incompleto y un problema climático medible. Para ir más allá de la «puerta», compara la leyenda conservada en el antiguo texto de NASA con los datos de Valverde y la versión estatal de las intervenciones. La gran pregunta no es cuánto dura una llama, sino qué sigue escapando cuando su luz disminuye.
Fuentes
- Valverde et al., Satellite-Based Assessment of Methane Emissions From the Darvaza Gas Crater, Geophysical Research Letters, 2026
- National Geographic, entrevista de George Kourounis sobre a descida à cratera, 2014
- National Geographic Education, relato da expedição e análise de amostras, 2014
- NASA Earth Matters, imagem de satélite e narrativa então difundida, 2011
- Ministério de Petróleo e Gás do Turcomenistão, relato das intervenções e poços próximos, 2025
- Capterio / FlareIntel, análise independente da intensidade de queima, 2024
- Wikimedia Commons, fotografia panorâmica de Tormod Sandtorv, 2011
- ERT News, entrevista em vídeo com George Kourounis, 2022
Explora más
Estos enlaces ayudan a investigar el contexto; por sí solos no confirman las afirmaciones de la historia.
- ImagenMira la panorámica de 2011 de Tormod Sandtorv; la página indica fecha y licencia
- ImagenObserva la imagen satelital de NASA de 2011; su texto antiguo repite el relato hoy cuestionado
- DocumentoExamina las figuras 2 y 3: intervalo de ignición, fuego visible y plumas de metano
- VídeoMira la entrevista de 2022 a George Kourounis sobre su descenso de 2013 (en griego)
- LecturaLee el testimonio directo de Kourounis y su reserva sobre la leyenda de 1971
- LecturaCompara la versión oficial turcomana sobre los nuevos pozos con mediciones independientes
- DocumentoExplora la serie satelital de combustión de Capterio; por sí sola no mide todo el metano sin quemar