Clasificación: Documentado
Estrasburgo, 1518: la danza que se convirtió en una historia de muerte
En el verano de 1518, habitantes de Estrasburgo comenzaron a bailar de una manera que alarmó a la ciudad. El consejo documentó consultas médicas, peregrinaciones y una prohibición pública. Siglos después, la primera mujer recibió el nombre de “Frau Troffea” y surgieron relatos de numerosas muertes. Este dossier separa el episodio documentado de la leyenda.
Estrasburgo, Grande Leste, França · Ver historias de este lugar y alrededores
Una ciudad interrumpida por cuerpos en movimiento
Estrasburgo, entonces ciudad libre del Sacro Imperio Romano Germánico, vivió una alteración inusual en julio de 1518. Personas bailaban de un modo que familiares, médicos y autoridades entendieron como una aflicción y no como una fiesta. No existe una filmación, un registro clínico individual ni el testimonio directo de cada participante. Sí existen decisiones del gobierno urbano, una carta al obispo y relatos cercanos a los hechos. Permiten reconstruir la respuesta de la ciudad sin fingir que conocemos cada movimiento de los bailarines.
El nombre popular “danza de la muerte” anticipa un desenlace que los documentos más próximos no demuestran. Tampoco debe confundirse este episodio con la danza macabra, motivo artístico medieval en el que la Muerte guía a personas de diversas clases sociales. Son tradiciones distintas; el parecido de los nombres alimenta imágenes engañosas.
La primera bailarina no tenía nombre en el registro
Los relatos próximos al hecho hablan de una mujer que empezó a bailar a mediados de julio y de otras personas que se sumaron. El 14 de julio procede de una tradición cronística; una reconstrucción de anales vinculados a Sebastian Brant llega al 22 de julio. No hay un acta de inicio segura que resuelva la diferencia. La historiadora Élisabeth Clementz observa que los textos de 1518 que examina (anales, una crónica y la respuesta del magistrado al obispo) no identifican a esa mujer. Mencionan a unas cincuenta personas afectadas.
“Frau Troffea”, personaje habitual de videos y artículos, entró en la historia más tarde. Paracelso escribió sobre una mujer llamada Troffea, pero solo estuvo en Estrasburgo en 1526, años después del episodio; el nombre aparece en una edición póstuma de 1565. Su texto tampoco la sitúa con claridad en la ciudad durante el verano de 1518. Identificarla con la primera bailarina es una interpretación posterior, no el nombre recogido entre vecinos aquel julio. El registro conservó la acción de la mujer, no su identidad.
23 de julio: interviene el gobierno
El 23 de julio de 1518, una comisión del magistrado dejó deliberaciones conservadas en los archivos municipales de Estrasburgo con la signatura III 200/15. La misma serie contiene instrucciones para enviar a personas afectadas al santuario de san Vito en Hohlenstein, sobre Saverne, en los Vosgos. Una exposición de los museos de la ciudad reunió y tradujo estos materiales. Los oficios fechados establecen que el episodio ocurrió; no confirman automáticamente cada detalle añadido por cronistas de siglos posteriores.
El tratamiento dependía de cómo se entendía la aflicción. “Baile de san Vito” fue un nombre aplicado a prácticas y condiciones diferentes en distintas épocas. En la región del Rin había peregrinaciones ligadas al santo; los devotos podían relacionar movimiento, oración y alivio. Para el gobierno, trasladar a personas al santuario y pedir a los gremios que atendieran a sus miembros eran medidas concretas de cuidado y control. No hay razón para reducir el contexto a una ciudad incapaz de observar por culpa de la superstición.
25 de julio: una carta que complica la idea de “maldición”
El 25 de julio, el magistrado respondió al obispo Wilhelm, que preguntaba por la enfermedad inusual. El documento se conserva bajo la signatura 12 J 1495 en los Archivos Departamentales del Bajo Rin. Según los estudios históricos, las autoridades dijeron que el movimiento comenzó con una mujer, que otras la siguieron, que se había vigilado a los afectados y que se consultó a médicos. Estos hablaron de una enfermedad natural ligada a la configuración astral y al calor de la estación: una teoría médica de aquel tiempo, no un diagnóstico válido hoy.
Las versiones modernas suelen perder este detalle. Las autoridades no partieron simplemente de una certeza de posesión demoníaca. Su carta combinó observación, una explicación natural conforme al saber de 1518 y medidas prácticas; la peregrinación persistió como respuesta religiosa. Medicina y devoción coexistieron. Para bailarines, familiares y obispo, esos caminos podían significar cosas distintas.
2 de agosto: prohibir los bailes públicos
El consejo cambió de táctica. Una orden del 2 de agosto de 1518, firmada por el humanista y secretario municipal Sebastian Brant, prohibió los bailes públicos y limitó instrumentos como tambores. Se conserva como 1 MR 3, folio 72r. Más tarde, las crónicas hablaron de escenarios en las plazas, músicos contratados y bailarines pagados para ayudar a los enfermos a “bailar hasta curarse”. Esas escenas vienen principalmente de relatos posteriores, especialmente Daniel Specklin, y tienen menos fuerza probatoria que la orden conservada que restringía el baile.
La prohibición no revela la causa del fenómeno. Muestra que el consejo consideró el espectáculo, el sonido o la circulación de grupos como algo administrable. Se pidió a los gremios que cuidaran a sus miembros. Hacia finales de agosto y las semanas siguientes disminuyeron las noticias del episodio; el silencio posterior no permite seguir a cada persona que bailó.
Cincuenta, doscientos, cuatrocientos: ¿cuántos murieron?
Las cifras más repetidas miden cosas diferentes. Los testimonios de 1518 destacados por Clementz mencionan unas cincuenta personas. Crónicas posteriores dan cifras mayores, incluso cuatrocientas a lo largo de semanas; otra tradición presenta aproximadamente la mitad. No hay una nómina completa para comprobar el total ni para saber si cada cifra representa casos simultáneos o acumulados. El número mayor pertenece a una crónica, no a un recuento municipal indiscutible.
Más importante es la mortalidad. Libros y sitios web hablan de quince muertos por día, infartos y cadáveres en las calles. Después de examinar textos cercanos a los hechos y de criticar la reconstrucción de John Waller, Clementz sostiene que ningún autor contemporáneo menciona muertes ligadas a la danza de Estrasburgo en 1518. Escritores posteriores, como Specklin, sí hablan de muertes. Eso no demuestra que fueran imposibles, pero impide fijar un número o una causa concreta. “Danza de la muerte” es un título sugestivo, no un registro de defunciones de aquel verano.
Un fenómeno, muchas teorías
Los médicos del siglo XVI hablaron de calor e influencia astral; los peregrinos acudieron a san Vito; Paracelso propuso años después otra lectura vinculada a la imaginación y la sugestión. En el siglo XX, la hipótesis de intoxicación por cornezuelo del centeno intentó explicar movimientos y visiones mediante un hongo del cereal. Es una conjetura retrospectiva: no existe una muestra de grano de 1518 ni una cadena de exposición que la confirme, y las convulsiones tóxicas no describen por sí solas semanas de baile socialmente organizado.
John Waller defendió una respuesta colectiva a las dificultades, expectativas y creencias compartidas. Su interpretación es influyente, pero Clementz objeta tanto la identificación de “Troffea” con Estrasburgo como escenas psicológicas y muertes narradas sin apoyo en los documentos más cercanos. Otros estudios destacan el baile ritual, la devoción, las relaciones de autoridad y el riesgo de atribuir diagnósticos psiquiátricos modernos a personas que no fueron examinadas. Una hipótesis puede iluminar el contexto sin convertirse en informe clínico de 1518.
También sería engañoso identificar automáticamente el antiguo “baile de san Vito” con la corea de Sydenham o la enfermedad de Huntington. Esos nombres se asociaron en épocas diferentes a movimientos involuntarios; no prueban que los habitantes de Estrasburgo compartieran una de esas condiciones. El término histórico era más amplio e inestable que un diagnóstico actual.
Lo que la ciudad nos dejó
Hay una ruta documental concreta: las deliberaciones del 23 de julio, la carta al obispo del 25 y la prohibición firmada por Brant el 2 de agosto. El dossier de la exposición de los museos de Estrasburgo ofrece las signaturas de los manuscritos e imágenes de obras para estudiar aquel período; ningún grabado posterior debe presentarse como fotografía del brote. El documental Les Danseurs Fous visita archivos y entrevista a especialistas, aunque sus cifras también deben contrastarse con los documentos.
El límite de la evidencia es claro. Hubo un episodio colectivo de danza que movilizó al gobierno de Estrasburgo en 1518. La identidad de la primera mujer, el número exacto de participantes, una causa única y las muertes no quedaron establecidos por los registros consultados. El caso es extraordinario porque podemos observar a una ciudad intentando registrar, tratar, regular y explicar algo que su lenguaje apenas podía contener, y porque cinco siglos de nuevas versiones nos obligan a preguntar qué documento respalda cada detalle.
Fuentes
- Musées de Strasbourg, 1518: La fièvre de la danse, exhibition catalogue and archival analysis, 2018
- Musées de Strasbourg, exhibition press dossier, 2018, pp. 7–10: 1518 manuscript shelfmarks and Clementz excerpts
- Élisabeth Clementz, La danse de 1518 à l’épreuve des sources, in 1518: La fièvre de la danse, 2018
- Élisabeth Clementz, review of John Waller, Revue d’Alsace 142, 2016, pp. 451–453
- Lynneth J. Miller, Divine Punishment or Disease?, Dance Research 35(2), 2017
- Lindsey Drury, 1518 Strasbourg magistrate correspondence and Paracelsus, doctoral research
- Université de Strasbourg, Le mystère des danseurs fous de Strasbourg, 2018
- Les Danseurs Fous, documentary by Benoît Finck, Point du jour / Les Films du Balibari / France Télévisions, via SLICE Histoire
Explora más
Estos enlaces ayudan a investigar el contexto; por sí solos no confirman las afirmaciones de la historia.
- DocumentoConsulta las signaturas de los manuscritos del 23 y 25 de julio y la prohibición del 2 de agosto de 1518 (p. 7)
- DocumentoLee la crítica de fuentes de Élisabeth Clementz sobre los relatos ampliados y tardíos
- LecturaCompara las supuestas muertes con la reseña de Clementz: los registros de 1518 no las confirman
- ImagenMira piezas e imágenes de contexto (pp. 15–16); ninguna es una fotografía del episodio de 1518
- VídeoVe el documental Les Danseurs Fous, con archivos y especialistas; contrasta sus cifras con las fuentes
- LecturaExplora el catálogo de 2018 del Musée de l’Œuvre Notre-Dame sobre documentos e interpretaciones