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Clasificación: Documentado

Edificio Martinelli: un rascacielos entre el miedo y la memoria

El Martinelli se levantó entre temores de derrumbe y, décadas después, adquirió fama de embrujado. Entre esas leyendas hay una mansión en la azotea, un movimiento cultural negro en el piso 16 y la vida de residentes desalojados durante la restauración.

São Paulo, São Paulo, Brasil · Ver historias de este lugar y alrededores

Una torre que inquietó a la ciudad

Un edificio tan alto que algunas personas temían pasar a su lado: esa fue una de las reacciones al proyecto de Giuseppe Martinelli en el centro de São Paulo. La construcción empezó en 1924, entre la Rua São Bento, la Rua Líbero Badaró y la Avenida São João. El proyecto del arquitecto William Fillinger fue creciendo; una parte se inauguró en 1929 y el edificio se terminó en 1934, con unos 105 metros y 30 plantas. No era el primer edificio alto de la ciudad (el Sampaio Moreira ya existía), pero dio otra escala a su crecimiento vertical.

La ingeniería frente a la desconfianza

El miedo a un derrumbe llegó a los periódicos y a las autoridades. Para responder a las dudas, Martinelli mandó construir una mansión en lo alto y se mudó allí con su familia. Vivir sobre la ciudad se convirtió en una demostración pública de confianza en la estructura: si el edificio caía, su promotor estaría dentro. No era una prueba de ingeniería, pero muestra cómo la ingeniería, la publicidad y la imaginación popular se disputaron la imagen del edificio desde el principio.

Una ciudad dentro del edificio

Por dentro no había una sola ciudad. La entrada de Líbero Badaró conducía a las viviendas; la Rua São Bento concentraba comercios; la Avenida São João llevaba al Hotel São Bento y a los salones Verde y Mourisco. El Cine Rosário abrió allí en 1929. Las fotografías reunidas por Brasiliana Fotográfica muestran la torre en medio de la ciudad que crecía a su alrededor. Claude Lévi-Strauss la fotografió en los años treinta y la vio como símbolo de la ambición de convertir São Paulo en una metrópolis vertical.

Cambios de propiedad

La propiedad del Martinelli cambió de forma decisiva. Tras una venta relacionada con las dificultades económicas posteriores a 1929, pasó a una institución italiana. Durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno brasileño confiscó bienes italianos; el inmueble fue subastado y acabó repartido entre 103 propietarios. La propiedad fragmentada y los cambios del centro ayudan a entender la gestión difícil y el deterioro posterior. No explican por sí solos todo lo ocurrido allí ni justifican culpar de esos problemas a los residentes de menores ingresos.

Una historia olvidada entre los pisos

Una historia menos conocida transcurrió entre los pisos que hoy se recuerdan por crímenes y fantasmas. Antes de julio de 1956, la Associação Cultural do Negro, o Asociación Cultural del Negro, se instaló en el piso 16. La dirección permitía reunirse por la noche, después de la jornada laboral. Los estudios sobre la entidad documentan debates, actos públicos y publicaciones que reivindicaban la participación negra en la historia de Brasil. En el piso 17 funcionaba el Clube 220. Sus integrantes dudaron inicialmente por la mala fama del inmueble; aun así, lo convirtieron en un lugar de encuentro y trabajo intelectual. Recordar ese capítulo devuelve personas y voces a un edificio que a menudo solo se describe por su decadencia.

Deterioro, violencia y memoria

El deterioro material y los episodios de violencia fueron reales. Ascensores averiados, instalaciones dañadas, viviendas precarias y muertes aparecen en documentos y reportajes de la época. Mientras preparaba un documental sobre el edificio en 1975, el cineasta Ugo Giorgetti encontró a una familia que vivía dentro de la cabina de un ascensor estropeado, según un reportaje de Folha de 1995. Su película Rua São Bento, 405, terminada en 1976, siguió el paso de la antigua vida del edificio a la intervención pública y la salida de residentes. Esa escena revela una crisis de vivienda y conservación; no fue inventada para una historia de terror.

Dónde aparecen las historias de fantasmas

En ese contexto arraigaron los relatos sobrenaturales. En un reportaje de 1998, una trabajadora dijo haber oído una máquina de escribir en una sala oscura y vacía del piso 25. Otras historias hablan de ascensores que se moverían sin pasajeros. Son testimonios y relatos sobre el Martinelli, no pruebas de actividad paranormal. Tampoco se puede vincular cada ruido inexplicado a víctimas de crímenes sin documentos que sostengan esa relación. Su fama de embrujado mezcla experiencias subjetivas con hechos verificables, pero una capa no demuestra la otra.

Restauración y permanencia

En 1975, el ayuntamiento expropió parte del inmueble e inició su restauración; el edificio reabrió en 1979. Las obras salvaron un hito arquitectónico y dieron lugar a oficinas públicas y otros usos, mientras que el documental de Giorgetti conservó la memoria de los residentes retirados. Más tarde llegaron medidas de protección patrimonial. La supervivencia del edificio es, por tanto, más que una fachada recuperada: plantea quién puede habitar, recordar y contar el centro de la ciudad.

El Martinelli sigue en pie en el mismo triángulo de calles. El tiempo desmintió el temor inicial al derrumbe; las historias de fantasmas siguen sin pruebas verificables. Entre ambos hay documentos, fotografías, una película y una investigación académica que llevan a otra pregunta: ¿qué vidas decide una ciudad conservar dentro de sus monumentos y cuáles deja fuera del encuadre?

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Fuentes

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Estos enlaces ayudan a investigar el contexto; por sí solos no confirman las afirmaciones de la historia.