Clasificación: Documentado
Manuscrito Voynich: el libro real detrás de una escritura indescifrada
Conservado en Yale como MS 408, el códice reúne plantas difíciles de identificar, diagramas celestes, figuras en baños y una escritura que aún no tiene una lectura aceptada. Este dosier sigue el objeto, su procedencia, la datación del pergamino y los límites reales del análisis lingüístico.
New Haven, Connecticut, Estados Unidos · Ver historias de este lugar y alrededores
Un objeto, no solo una cifra
El llamado Manuscrito Voynich es un objeto real que puede examinarse en la digitalización de la Biblioteca Beinecke de Yale, donde se identifica como MS 408. Es un pequeño códice de pergamino hecho para pasar sus hojas. Combina líneas de escritura sin lectura aceptada e imágenes de colores. Algunas hojas desplegables son mucho mayores que la cubierta; otras se perdieron, y la encuadernación actual quizá no reproduzca el orden original. Un simple recuento de «páginas» cambia según se cuenten caras, folios y pliegues.
El marcador del globo señala New Haven, donde hoy se conserva el libro, no el lugar en que fue producido. Su procedencia europea temprana solo se ha reconstruido en parte; no se ha identificado ningún taller ni ciudad de creación. El misterio central no es si el objeto existe. Es qué sistema de escritura se usó, quién lo empleó y para comunicar qué.
Lo que muestran las hojas abiertas
La biblioteca agrupa el volumen en secciones botánicas, astronómicas y astrológicas, escenas de mujeres en baños o tubos, diagramas cosmológicos, dibujos de raíces y recipientes y páginas casi solo de texto marcadas con pequeñas estrellas. Son descripciones modernas de las imágenes, no títulos leídos en la escritura. Una raíz parecida a la de una hierba conocida no garantiza una identificación botánica; una figura en un baño no demuestra una receta médica.
El catálogo detallado describe grandes desplegables, incluido un conjunto de nueve medallones unidos por formas tubulares. El orden físico, las hojas ausentes y los pliegues importan: quien tome la secuencia de la encuadernación actual como orden de composición quizá encuentre una «narración» que sus creadores nunca planearon. Antes de proponer una traducción conviene observar también dónde cambia la extensión del texto, cómo se alinean las etiquetas con las figuras y qué hojas faltan.
1404-1438: fecha de la piel, no de las frases
En 2009, el laboratorio de radiocarbono de la Universidad de Arizona analizó muestras de cuatro hojas. El resultado combinado presentado por Greg Hodgins sitúa la producción del pergamino entre 1404 y 1438, con una probabilidad calibrada del 95,4 % según el método empleado. Su informe explicita el límite fundamental: el carbono 14 fecha el material biológico, no el momento en que la pluma lo tocó. La escritura pudo ser posterior a la preparación del soporte. La coincidencia entre muestras, no obstante, vincula con fuerza el volumen a la primera mitad del siglo XV.
Los análisis químicos de tintas y pigmentos y estudios de conservación posteriores en Yale encontraron materiales compatibles con prácticas históricas, sin indicios de componentes modernos en los exámenes descritos por la institución. Esto hace improbable una falsificación moderna corriente, pero no prueba que el contenido tenga sentido. Existe una tensión útil: un catálogo antiguo y la descripción general de Yale sugieren finales del XV o el XVI para la producción, mientras que la medición del soporte apunta antes. El catálogo recogía hipótesis estilísticas, incluidas posibles plantas del Nuevo Mundo, que no deben imponerse a los datos de laboratorio ni tomarse como identificaciones seguras. La fecha exacta de la escritura sigue abierta.
La carta de 1666 y el camino a Roma
La historia rastreable se aclara en la Europa de la Edad Moderna. En la primera hoja se identificó el nombre de Jacobus Horčický de Tepenec, farmacéutico de Praga; luego el libro perteneció al alquimista Georgius Barschius. Este lo dejó a Johannes Marcus Marci, quien lo envió al erudito jesuita Athanasius Kircher en 1666 con una carta conservada junto al volumen. Marci esperaba que Kircher pudiera leerlo. Una petición de descifrado del siglo XVII demuestra que la dificultad no nació en internet.
La carta también transmite la historia de que el emperador Rodolfo II compró el libro por 600 ducados y lo relacionó con Roger Bacon. Es un relato retrospectivo de la carta, no una factura de compra identificada en el códice. La atribución a Bacon choca con la fecha del pergamino: vivió en el siglo XIII. También se ha propuesto al inglés John Dee como eslabón de la transmisión; la página actual de la Beinecke dice que esa supuesta posesión es muy dudosa. La cadena documentada es más corta y más interesante que una leyenda sin lagunas.
El librero que le dio nombre
Tras circular por colecciones jesuitas, el volumen llegó al mercado en 1912, cuando el anticuario Wilfrid Voynich lo compró de una colección jesuita cercana a Roma. «Voynich» es el apellido del comprador moderno, no la firma del autor. Su promoción alimentó la idea de un secreto perdido. Investigadores como William Newbold y, más tarde, los criptógrafos William y Elizabeth Friedman intentaron entender la escritura sin obtener una lectura aceptada.
Después de Voynich, el libro pasó por Ethel Voynich, Anne Nill y el librero H. P. Kraus. Al no encontrar comprador, Kraus lo donó a la Beinecke en 1969. Esta trayectoria deja documentos, precios e instituciones comprobables. También explica por qué el acceso actual se realiza principalmente a través de imágenes: las hojas y desplegables son frágiles; la biblioteca limita la manipulación del original y ofrece digitalizaciones de alta resolución.
El alfabeto EVA es una regla, no una traducción
Los investigadores convierten los signos del manuscrito a una transliteración convencional llamada a menudo EVA (European Voynich Alphabet). Esto permite contar patrones con un ordenador: una secuencia como «daiin» es una etiqueta normalizada para signos de la página, no una palabra traducida a un idioma conocido. Incluso decidir dónde termina un signo y empieza otro requiere juicio; un error de transcripción afecta los análisis posteriores.
El texto muestra regularidades: ciertos signos son más frecuentes en posiciones específicas de las palabras y algunas familias de secuencias se repiten. Se distinguen grupos estadísticos denominados convencionalmente Voynich A y B. Esas etiquetas no identifican dos idiomas; describen diferencias de frecuencia. Cuando alguien anuncia que el libro está «en hebreo», «en latín» o «contiene recetas», la prueba decisiva es si su método lee muchas páginas sin elecciones oportunistas y predice pasajes no utilizados para ajustar la clave.
Un patrón no es un significado
Dos estudios de PLOS ONE de 2013 compararon frecuencia, distribución y vecindad de las secuencias Voynich con textos conocidos. Uno encontró organización estadística en distintas partes del volumen; el otro observó relaciones entre grupos de palabras de las secciones vegetales y las llamadas farmacológicas. Los resultados debilitan la idea de letras colocadas al azar sin regla alguna. No revelan la lengua original, una clave de cifrado, la función del libro ni el significado de una sola frase.
Una cautela matemática casi nunca aparece en los titulares: una distribución parecida a la del lenguaje también puede surgir de otros procesos estructurados. Que un modelo imite algunas cifras no demuestra que los autores históricos lo utilizaran. En 2025, Michael Greshko publicó el cifrado experimental Naibbe, capaz de codificar latín o italiano en secuencias con varias propiedades similares a las del manuscrito mediante procedimientos concebibles en el siglo XV. El propio estudio enumera diferencias importantes y no afirma haber descifrado el MS 408. Comprueba posibilidad, no identidad.
¿Cinco manos? Cambia la escala de la pregunta
La paleógrafa Lisa Fagin Davis estudió pequeñas diferencias en el dibujo de los signos y propuso en 2020 que trabajaron cinco manos en el volumen. En vez de buscar solo un autor genial o un farsante, esta hipótesis sugiere una práctica de escritura compartida. La lingüista Claire Bowern destacó en 2025 que la paleografía permite reconocer colaboración aun sin poder leer las palabras. Es una conclusión sobre trazos gráficos, no sobre el idioma o la intención de quienes colaboraron.
La clasificación de manos sigue siendo una interpretación académica que puede ponerse a prueba y afinarse; las variantes también podrían deberse al tiempo, la pluma, la velocidad o el contexto. Los grupos textuales A/B y los de caligrafía no son automáticamente iguales. Una comparación rigurosa debe examinar signos en hojas comparables, controlar cambios en la escritura de una misma persona y explicar las excepciones. Es un camino menos espectacular que una traducción instantánea, pero convierte el objeto en una pregunta verificable.
Qué debería demostrar un desciframiento real
El manuscrito atrae anuncios periódicos de una solución. Una propuesta sólida debería presentar reglas explícitas y reproducibles, aplicarlas a una muestra amplia, explicar cómo encajan el idioma resultante y las imágenes en el contexto histórico y superar pasajes elegidos por otros investigadores. Leer dos etiquetas botánicas tras adivinar libremente la identidad de dos dibujos no basta; la clave también debe funcionar donde ninguna imagen sugiera la respuesta.
El mismo criterio vale para teorías de fraude, códigos secretos e idiomas inventados. «No descifrado» no significa «sobrenatural»; «estructura estadística» no significa «ya traducido». La Beinecke sigue describiendo la escritura como no identificada. La biblioteca informa que no puede evaluar individualmente la gran cantidad de propuestas que recibe. Falta una lectura que otros especialistas puedan probar sin cambiar las reglas línea por línea, no otro titular.
Una investigación que el lector puede repetir
Está establecido que el MS 408 es un objeto histórico, con pergamino fechado principalmente en la primera mitad del siglo XV, materiales de escritura compatibles con la época y una trayectoria documentada por la Europa moderna. Sigue abierto quién lo escribió, exactamente cuándo y dónde, si sus signos codifican un idioma legible y cuál es el tema de cada página. Fechar el soporte no traduce el texto; la carta de 1666 no autentica todas las historias que relata.
Para investigarlo, abre primero la digitalización de Yale y compara una página de plantas, un desplegable y otra de texto marcado con estrellas. Luego utiliza el catálogo para localizar las hojas ausentes, el informe de carbono 14 para separar soporte y escritura, la carta de Marci para distinguir memoria y documento, y los artículos estadísticos para ver qué se puede inferir de un patrón. El vídeo de la Beinecke muestra a investigadores con el libro real. Hay un enigma en sus páginas; la mejor forma de respetarlo es no declarar resuelto aquello que todavía no sabemos leer.
Fuentes
- Beinecke Library, The Beinecke Cipher (Voynich) Manuscript, descrição atual e proveniência
- Beinecke MS 408, catálogo físico e transcrição da carta de Johannes Marcus Marci
- Greg Hodgins, NSF-Arizona AMS Laboratory, relatório de datação do pergaminho, 2009
- McCrone Associates, Materials Analysis of the Voynich Manuscript, relatório técnico de 2009
- Yale News, Mysterious Voynich Manuscript reborn in facsimile edition, 2016
- Yale News, Deciphering a mysterious manuscript, entrevista com Claire Bowern, 2025
- Amancio, Oliveira Jr. e Costa, Probing the Statistical Properties of Unknown Texts, PLOS ONE, 2013
- Montemurro e Zanette, Keywords and Co-Occurrence Patterns in the Voynich Manuscript, PLOS ONE, 2013
- Lisa Fagin Davis, How Many Glyphs and How Many Scribes?, Manuscript Studies, 2020
- Michael A. Greshko, The Naibbe cipher, Cryptologia, 2025
Explora más
Estos enlaces ayudan a investigar el contexto; por sí solos no confirman las afirmaciones de la historia.
- ImagenExplora la digitalización completa del MS 408 en Yale, incluidas las hojas desplegables
- DocumentoConsulta el catálogo y la transcripción de la carta de Marci; algunas hipótesis antiguas han sido revisadas
- DocumentoLee el informe original de carbono 14 y el intervalo 1404–1438 para el pergamino, no para la escritura
- DocumentoExamina el informe de laboratorio sobre tintas y pigmentos; la composición no traduce el texto
- VídeoMira la presentación del manuscrito de la Biblioteca Beinecke con Davis, Clemens y Bowern
- LecturaCompara patrones de palabras entre secciones; las correlaciones estadísticas no revelan el significado
- LecturaLee el modelo experimental Naibbe de 2025 y sus límites; no descifró el MS 408