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Clasificación: Documentado

Edificio Joelma: la escalera, el rescate y las Trece Almas

En 1974, un incendio recorrió las oficinas del Joelma y mostró cómo un edificio moderno podía fallar ante el humo. Supervivientes, equipos de rescate, un decreto publicado seis días después y un memorial de trece víctimas componen la historia que permanece en São Paulo.

São Paulo, São Paulo, Brasil · Ver historias de este lugar y alrededores

La mañana del incendio

Una llamada de recepción avisó a Hiroshi Shimuta de que el Edificio Joelma ardía. Era la mañana del 1 de febrero de 1974, en el centro de São Paulo. Trabajaba en el piso 22 y había llegado temprano para leer los periódicos. Acababa de ser padre de gemelos e intentó salir, pero encontró humo en el camino. Más tarde contó a Agência Brasil que él y otras personas se refugiaron en un baño y, cuando el humo llegó allí, pasaron a una cornisa exterior. Esperaron horas hasta ser rescatados. Su testimonio da escala humana a una tragedia reducida muchas veces a fotografías de un edificio en llamas.

El edificio y sus ocupantes

El Joelma estaba en la Avenida Nove de Julho 225, cerca de la Rua Santo Antônio. Diseñado por Salvador Candia, reunía dos torres unidas por una escalera central. Los niveles inferiores eran aparcamientos; las oficinas ocupaban los superiores. Por eso la numeración saltaba del séptimo al undécimo piso: la altura de los niveles de garaje equivalía a la de unos diez pisos ordinarios. Este detalle ayuda a entender por qué las cifras de plantas en las noticias pueden confundir a quien intenta imaginar la ruta de los ocupantes y el alcance de las escaleras de rescate.

Dónde comenzó el fuego

Los relatos de prensa sitúan el inicio del fuego hacia las 8:50, en el piso 12, y lo relacionan con un cortocircuito en el sistema de aire acondicionado del Banco Crefisul. La causa mencionada no convierte en certeza cada minuto de la emergencia. Sí se puede reconstruir la secuencia general: las llamas encontraron alfombras, divisiones, cortinas y muebles combustibles; el viento y las aberturas favorecieron la propagación; el humo pronto alcanzó los caminos por los que los ocupantes necesitaban salir. La estructura de hormigón no impidió que el contenido de las oficinas ardiera deprisa. Un edificio puede conservar su armazón y resultar mortal para quienes están dentro.

La escalera que no protegía

La escalera central marcaba la diferencia entre salir y quedar atrapado. No era una escalera de emergencia protegida del humo mediante puertas cortafuegos. Un superviviente entrevistado por Agência Brasil contó que volvió durante unos segundos por una pluma que le había regalado su padre. Cuando regresó, el vestíbulo de los ascensores y la escalera ya eran impracticables. Terminó con el grupo refugiado en el piso 22. No es una lección moral sobre una decisión individual: muestra cómo la oportunidad de evacuar podía cerrarse en instantes. Sin una salida segura, las personas buscaron oficinas, ventanas y la azotea. No había helipuerto en ella, y el calor y el humo dificultaban la aproximación de las aeronaves.

Un rescate fuera de alcance

Los equipos de rescate improvisaron a distintas alturas. Las escaleras exteriores de los bomberos no llegaban con facilidad a las oficinas superiores; Hiroshi recordó la combinación de una escalera Magirus con otra de aluminio para alcanzar a su grupo. Cerca, el Palácio Anchieta, sede de la Cámara Municipal, tenía un helipuerto. La crónica histórica de la Cámara señala que el primer helicóptero no pudo aterrizar en el Joelma; a las 12:30, una aeronave de la Fuerza Aérea empezó a trasladar heridos al helipuerto vecino. Allí médicos, enfermeros y estudiantes montaron un puesto de emergencia. La historia del incendio comprende también ese corto trayecto entre una azotea en peligro y otra convertida en lugar de atención.

Hay un detalle técnico que las fotografías no muestran. Otro superviviente entrevistado por Agência Brasil recordó que su grupo desplegó una manguera contra incendios, pero no encontró agua en la llave. Una síntesis del archivo del Tribunal de Justicia de São Paulo afirma que el edificio tenía una reserva de 40.000 litros mientras las válvulas de los hidrantes estaban cerradas. El testimonio y el archivo coinciden en la falta de agua durante la emergencia; ninguno, por sí solo, permite reconstruir todas las decisiones previas de mantenimiento ni atribuir culpa individual. El episodio muestra la diferencia entre tener equipos y tenerlos listos cuando importan los segundos.

El número de víctimas

El número de víctimas exige honestidad. En una retrospectiva de 2024, el Ayuntamiento citó 170 muertes y reconoció la incertidumbre. La Cámara registra 189; Memória Globo, 187. Agência Brasil presentó la investigación de Adriano Dolph, que localizó 181 informes de autopsia. Los métodos, fechas y criterios de estos totales no son idénticos. Elegir uno y borrar los demás confundiría al lector. Las fuentes coinciden en más de 300 heridos, pero ninguna estadística sustituye los nombres, las familias ni las consecuencias duraderas para los supervivientes.

La advertencia anterior: el Edificio Andraus

Había un aviso cercano. El incendio del Edificio Andraus en 1972 ya había mostrado los riesgos de la creciente verticalización de São Paulo. La Cámara entrevistó a un hombre cuya esposa sobrevivió a ese fuego y que vio el Joelma desde su trabajo. La repetición no significa que ambos edificios fueran iguales. Significa que la ciudad conocía el problema general: construcciones altas, interiores combustibles y salidas incapaces de seguir el ritmo de una emergencia. El Joelma hizo imposible aplazar una respuesta municipal.

Qué cambió en las normas

Seis días después, el 7 de febrero de 1974, el Ayuntamiento promulgó el Decreto n.º 10.878. Su texto original sigue disponible en el catálogo municipal: fijaba reglas para proyectos, obras, equipos y funcionamiento, clasificaba los riesgos y trataba la ocupación, la evacuación, los materiales resistentes al fuego y las medidas contra incendios. El artículo 27 permitía exigir correcciones e incluso clausurar edificios considerados inseguros. El Ayuntamiento explica que el decreto impulsó un grupo especial de inspección, el posterior organismo CONTRU y otras reformas del código de construcción. Un decreto rápido no era una garantía mágica: seguían siendo necesarias la inspección, la adaptación de edificios existentes y el mantenimiento.

La memoria de los no identificados

Otra capa de la memoria tiene menos que ver con las normas que con personas a las que la ciudad no logró poner nombre. Trece víctimas no identificadas fueron enterradas una junto a otra en el Cementerio São Pedro, en Vila Alpina. Sus tumbas empezaron a conocerse como las de las ‘Trece Almas’. La revista piauí encontró visitantes que dejan agua, flores, pan y placas de agradecimiento y atribuyen favores a las almas. Un proyecto de renovación del espacio, fechado en 2025, muestra que la memoria sigue cuidándose. Estos gestos muestran una devoción popular y una respuesta simbólica al anonimato; no demuestran milagros ni presencias sobrenaturales. La pérdida concreta es que las víctimas siguen sin nombre.

El edificio después del desastre

El edificio fue reformado, volvió a funcionar y recibió el nombre de Edificio Praça da Bandeira. Su supervivencia física quizá explica por qué la tragedia parece lejana y presente a la vez: la dirección sigue formando parte de la vida cotidiana, mientras circulan imágenes de 1974. El archivo de Memória Globo permite estudiar la cobertura televisiva, incluidas las decisiones de mostrar escenas extremas. Conviene verlo sabiendo que registra muertes reales, no imágenes creadas para entretener. Fotografías actuales y el memorial muestran qué cambió y qué permanece.

El legado del Joelma

El Joelma no ofrece una respuesta sobrenatural al desastre. Deja preguntas difíciles y documentables: cómo el humo venció la salida; por qué el rescate necesitó adaptaciones; cómo contar víctimas cuando las fuentes discrepan; qué hace una ciudad por sus muertos sin nombre; y qué ocurre entre publicar una norma de seguridad y hacerla funcionar. El decreto de seis días después y el memorial de las Trece Almas son consecuencias distintas del mismo incendio. Uno mira hacia los futuros ocupantes de los edificios; el otro evita que quienes murieron desaparezcan de la historia.

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Fuentes

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Estos enlaces ayudan a investigar el contexto; por sí solos no confirman las afirmaciones de la historia.